domingo, 20 de mayo de 2012

Drive (Crítica)



Escribe: Raúl Lizarzaburu.- Debut americano del director danés Nicolas Winding Refn (Copenhague, 1970), que ha desarrollado su carrera (tiene una decena de largos) básicamente en su país y en Inglaterra. El guión de Hossein Amini, basado en el libro homónimo escrito por James Sallis en 2005, tiene como protagonista a un personaje sin nombre (un excelente Ryan Gosling lo interpreta; en la ficha técnica aparece simplemente como Driver) y con una múltiple vida: trabaja como doble cinematográfico sobre todo en escenas de choques de autos, y en un taller de mecánica, además de ayudar en fugas diversas gracias a su pericia en el timón. En eso conoce a Irene (Carey Mulligan), la vecina de su departamento de Los Ángeles, con un hijo pequeño y un esposo en prisión, y hace química con ella.


Y todo va bien entre ambos hasta que el susodicho, con el curioso nombre de Standard (Oscar Isaac), sale de su encierro y se aparece en casa de Irene, y aunque tiene buenas relaciones con Driver, lo arrastra a su mundo cuando aparece golpeado y ensangrentado en el edificio por unos matones a causa de un plazo no cumplido, poniendo en riesgo a Irene y su hijo. Driver ya tenía bastante con los encargos de su jefe Shannon (Brian Cranston), metido en un negocio turbio con los mafiosos Nino y Bernie Rose (Ron Perlman-Albert Brooks) y cientos de miles de dólares de por medio que hay que recuperar.



Por el título y por las características del personaje principal, se pensaría que la película abunda en persecuciones en auto al estilo Bullitt o Contacto en Francia. Sí las hay, sobre todo una antes de los créditos y otra cerca del final, a bordo de un Chevrolet Impala propio de esos años. Y alguna balacera aislada o escenas de violencia tal que alguien le pueden sacar un ojo, atravesar la garganta o desfigurar a patadas en un ajuste de cuentas. Pero el director Winding, mejor director en Cannes por este filme, equilibra a la perfección la acción y los elementos de cine negro con la carga dramática. Cada personaje vive su propio infierno personal. También tiene un somero toque romántico. Y un halo de misterio, empezando por la identidad y las señas reales del protagonista. Y un tono taciturno, reforzado por los varios minutos sin diálogos, el perfil observador de Driver, la melancólica fotografía nocturna de Los Ángeles a cargo de Newton Thomas Siegel o la música de Cliff Martínez, hasta llegar a una última parte notable con Driver enmascarado y la playa californiana de noche como fondo. Gosling, que apuntaba como estrellita juvenil, de un tiempo a esta parte anda cuidadoso con los trabajos que elige y ha demostrado nivel (lo hemos visto en Blue Valentine, Crimen en familia, Poder y traición) y ni hablar de Mulligan, todavía en cartelera con Shame. Ambos se complementan muy bien. En suma, Drive no solo es uno de los mejores estrenos en lo que va del año. Es uno de los mejores filmes de acción (aunque una acción muy sui generis) que hayamos visto últimamente.