domingo, 13 de mayo de 2012

Shame (Deseos culpables)




Escribe: Raúl Lizarzaburu.-Homónimo del popular actor norteamericano fallecido en 1980, el realizador inglés Steve McQueen (Londres, 1969) captó la atención mundial con su ópera prima Hunger, la historia real del joven líder del IRA Bobby Sands (interpretado por Michael Fassbender), que falleciera luego de una prolongada huelga de hambre en 1981. Sus premios en Cannes y Venecia, entre otros, le dieron el espaldarazo. Pues bien, McQueen ve la luz en nuestra cartelera comercial con su segundo filme, Deseos culpables (Shame, 2011), y la impresión que nos deja es más que favorable.

Se trata de una producción británica pero el guión del propio McQueen y Abi Morgan se desarrolla íntegramente en Nueva York. El protagonista es Brandon (nuevamente Michael Fassbender, mejor actor en Venecia, de los tres galardones del filme en dicho festival), un yuppie de Wall Street oriundo de Irlanda que de adolescente llegó a Norteamérica, y entrando en su madurez se ha vuelto un adicto al sexo, que cuando no está con una mujer en la cama recurre al onanismo, y es un ávido consumidor de material triple X en su computadora. Pero en el fondo es un solitario, se resiste a mantener una relación en serio, y de noche prefiere ir de juerga con su jefe David (James Badge Dale), torpe como ninguno en materia de seducción, y dejar abierta la posibilidad de algún amorío en el camino. Su existencia se ve perturbada con la llegada de su hermana menor Sissy (Carey Mulligan), una chica de vida desordenada e impulsos autodestructivos, y se queda por un tiempo indefinido con él. Se habla mucho de este filme por su fuerte contenido erótico, que lo tiene desde los primeros minutos (tanto en su temática como en la exposición de cuerpos), como que se le ha dado en muchos países la calificación NC-17, algo así como la temida X de antaño. Pero en realidad va más allá. Tiene, para empezar, una fuerte carga dramática, que va en ascenso en función a la relación entre Brandon y Sissy, que por momentos juega con algún acercamiento incestuoso. A la fotografía de Sean Bobbitt no se le escapa nada, y puede contribuir a acentuar las sensaciones de los personajes, ya sea en espacios cerrados (el departamento de Brandon, la oficina, los bares, el metro) o abiertos (los rascacielos, la vida nocturna, Brandon saliendo a hacer footing para despejarse), e incluso con un primer plano de Sissy mientras entona una melancólica versión de New York, New York, y por ahí algunos planos secuencia. El director McQueen construye sus personajes, cada cual enfrentado a sus propios fantasmas, sin juzgar ni tomar partido, eso sí con absoluta crudeza. El trabajo de ambos actores es solvente.

En buena hora, primero El árbol de la vida y luego la excelente película que comentamos nos hacen abrigar esperanzas de que nuestro listín no se limita a American Pie: el reencuentro o Battleship: batalla naval. Por lo pronto, Deseos culpables es de visión obligada y una muestra de lo que puede hacer Steve McQueen; habrá que esperar su tercer trabajo, Twelve years a slave, nuevamente con Fassbender y Brad Pitt.