miércoles, 26 de septiembre de 2012

Salvajes (Crítica)




Escribe: Raúl Lizarzaburu

¡Volvió Oliver Stone! Pero ojo, no es que el polémico realizador de grandes filmes como Pelotón o JFK haya dejado de dirigir, sino que en Salvajes (Savages, 2012), su último trabajo, ha recobrado la fuerza que parecía haber perdido en trabajos recientes como W., su retrato del controvertido presidente George W. Bush, o la continuación de Wall Street, con un sesentón Michael Douglas repitiendo su papel de Gordon Gekko.


Esta vez se ocupa de un tema que, al menos como director, le era esquivo: el narcotráfico (como guionista hizo Expreso de medianoche, las experiencias reales de un joven americano llevado a una prisión turca por cargar hachís, y la segunda versión de Caracortada, con Al Pacino como el capo mafioso Tony Montana), si bien el consumo de tóxicos está presente en muchos de sus filmes.


Los protagonistas están en dos bandos: por un lado los gringos surfers Ben y Chon (Aaron Taylor-Johnson y Taylor Kitsch), uno mercenario ex combatiente en Irak y el otro dedicado a causas filantrópicas en el África (aunque Ben y Chon nos suena a los cómicos Cheech&Chong o a Chano y Chon, los personajes de Los Polivoces). Forman un triángulo amoroso con la sexy rubia O (Blake Lively), y son los reyes del negocio en el sur de California. Al frente tenemos al mexicano cártel de Baja, liderado por la inescrupulosa Elena, conocida como la Reina (Salma Hayek), que junto a su brazo derecho Lado, un sicario de gatillo fácil (Benicio del Toro), y un abogado que trabaja para ellos (Demián Bichir) se reúne con los americanos para una posible sociedad. En medio de todos está un agente de la DEA de malas costumbres (John Travolta).


 Como no llegan a un acuerdo, lo que hace que Elena se moleste, sus hombres secuestran a O y la mantienen como rehén, y los amigos de esta, en vez de negociar, optan por ir en su rescate y con la guapa hija de Elena, opuesta a su ilícita actividad (Sandra Echeverría), en la mira para un posible canje. El guión del propio Stone, Shane Salerno y Don Winslow, basado en el best seller escrito hace un par de años por este último, no pretende hacer una visión de los poderosos cárteles que hoy siembran el terror en México, ni tiene esa mirada amarga habitual en este director. Acá, salvo alguna autoridad corrupta, la política no asoma el hocico; es un ejercicio puramente de acción, y si por ahí cabe buscar algún parentesco en su filmografía puede ser el vértigo de Asesinos por naturaleza y el uso del paisaje del Oeste de Camino sin retorno, aunque sin el trasfondo moral de una y el humor negro de la otra.


Stone demuestra su buena mano para las escenas de violencia (sobre todo en su segunda parte), algunas francamente brutales como la tortura a un presunto soplón, con el añadido de una inusitada cuota sexual (el filme comienza con un intenso encuentro erótico) y por ahí algún elemento alucinatorio. Salma está sorprendentemente creíble en su papel de reina del cártel, mientras con Del Toro por lo general no hay pierde (hay una escena de un partido de béisbol nocturno, calcada de Traffic). A estar atentos con el final-final. Sin llegar a su nivel óptimo, Salvajes es un buen filme de género. De hecho, se extrañaba a este Oliver Stone.