martes, 19 de febrero de 2013

"Quizás mañana"



Cinta nacional actualmente en cartelera 


Escribe: Ricardo Bedoya

“High concept” en Magdalena. Como se sabe, el término designa a las películas cuyas líneas argumentales pueden ser descritas aludiendo a los conceptos que originaron las tramas de filmes muy conocidos.

En “Quizás mañana”, los traumas y miedos de los personajes de “En la cama”, de Matías Bize, se ventilan por las calles y plazas de Magdalena recorridas por una pareja que le hace guiños al dúo conformado por Julie Delpy y Ethan Hawke en las películas de Richard Linklater.

Como en la película chilena, los personajes de “Quizás mañana” están atenazados por un problema personal y una duda íntima. Ella, por lo que le espera en el futuro inmediato. Él, por una pérdida familiar.

Como en las películas de Linklater, aquí se camina y se habla. Y en el recorrido se crean tensiones y atracciones entre los personajes. Primero se agreden y luego van descubriendo los sentimientos que pueden unirlos.

"Quizás mañana" no arranca bien. El monólogo inicial de Gisela Ponce de León, tratando de llamar la atención de Bruno Ascenzo, resulta artificial, insistente y sobrescrito. Lo mismo ocurre con sus intervenciones en la secuencia del restaurante.


Durante los primeros quince minutos la sensación es enojosa, casi asfixiante.

¿Cuál es el error de esos primeros minutos?

Sin duda, el cargar las tintas en la caricatura. El reducir el personaje de la muchacha al esbozo de una engreída impertinente o una histérica exaltada. El no dejarle margen para ser otra cosa. El tipificar demasiado.

Lo mismo ocurre con el personaje de Bruno Ascenzo, pero a él lo salva el mutismo. Como es desdeñoso y burlón, las frases cortas le impiden saturar el ambiente.

Luego, en forma progresiva, la película encuentra un equilibrio. Los diálogos se tornan más espontáneos, los actores siguen el juego con mayor relajamiento y el tono general de la película se vuelve más respirable.

¿Cuándo mejoran las cosas?

Cuando el guionista Jesús Alvarez se da cuenta que los personajes pueden mostrar atributos y representar asuntos mínimos. Cuando crea contrastes entre ellos y los observa. Lo que se echa en falta es el dominio del arte de la digresión, de ese hilo que se suelta en medio de las conversaciones y lleva a la cháchara banal pero reveladora. Aquí, los diálogos siempre son enjundiosos y apegadas a lo que necesitamos saber acerca de lo que harán un personaje o el otro.

Jesús Álvarez debuta en la dirección con “Quizás mañana”. Demuestra que sabe dirigir actores porque tanto Gisela Ponce de León como Bruno Ascenzo están en caja. Y que construye pequeños entornos en una idílica y casi pastoral Magdalena, llena de parques y jardines. Un marco urbano que le permite, hacia el final, prodigarse en atardeceres, música tonante y ternura hasta de ultratumba.


Qué interesante ejercicio sería ver en programa doble “Quizás mañana” y “1”, de Eduardo Quispe y Jim Marcelo. Dos visiones cinematográficas de parejas limeñas, pero a las que todo separa.

La pareja de Magdalena está centrada en el encuadre, sus diálogos son audibles, sus recorridos se trazan con movimientos de cámara bien demarcados y su filiación social les impone los ritos de la boda y el funeral.

La pareja de “1”, en cambio, entra y sale del campo visual porque la cámara impone la máxima inestabilidad, el entorno es un caos sonoro, sus lugares de encuentro son sitios de paso, y la idea de lo inacabado, lo fugaz, o de estar en los bordes, lo marca todo.

Interesante la variedad del cine peruano de hoy que ofrece miradas distintas de situaciones que admiten la comparación.