lunes, 12 de mayo de 2014

A los 40






Escribe: Raúl Lizarzaburu

Con inusitada rapidez se estrena otro largometraje nacional, compartiendo cartelera con la comedia Loco cielo de abril y el terror de La cara del diablo, ambos de discreto nivel pero con respuesta de público, al igual que A los 40 (íd., 2014), primer largo como director del actor Bruno Ascenzo, que previamente se había puesto tras las cámaras en un cortometraje y uno de los episodios de Cuatro.

Sin embargo, A los 40 no solo es un éxito de taquilla, sino que, según informaciones, derrotó al mismísimo Hombre Araña y es la segunda película peruana más vista después de Asu mare, desplazando a Cementerio General. ¿Pero qué tiene de especial? Veamos. Como la citada Loco cielo de abril, también es una comedia y mantiene, en cierto modo, una estructura coral. 

El guión, escrito por el propio Ascenzo, se divide en dos partes: la primera va narrando pequeñas historias, de pareja o individuales, con las cuarentonas que se preparan para una reunión de reencuentro, 25 años después, en el colegio de monjas de Chaclacayo donde estudiaron, y vamos conociéndolas junto a sus respectivos cónyuges, novios, hermanos, hijos(as), según sea el caso. Y en la segunda vemos la reunión en sí, con Gabriela Velásquez como directora.

Algunas secuencias tienen cierta gracia, como cuando una bocasucia Johanna San Miguel, presentadora de televisión en el filme, saca de su casa a Sofía Rocha a punta de carajeadas (aunque después la primera se desborde y se convierta en una parodia de sí misma), o las discusiones entre Carlos Carlín (de lo mejor del reparto junto a Wendy Ramos) y Patricia Portocarrero, a quien nadie traga y tiene por nombre de pila Anita. La de las tías cantando tampoco está mal (al margen que uno le guste o no Pandora). En otras se excede, por ejemplo Carlos Alcántara bajo los efectos de los brownies con sorpresa, para hacer renegar a su mujer Katia Condos.

Como contraparte, el segmento más flojo es el único con actores jóvenes y algo de sexo, el de la hija de Johanna (Lali Espósito) en una peleíta con su enamorado Andrés Wiesse. Hasta llegar a unos 20 minutos finales francamente cursis y rayanos en el ridículo, incluyendo una declaración matrimonial cantada con guitarra de palo, el destape de un amor lésbico, un reproche en público de una hija a una madre y una secuencia en la playa que nos recuerda a El Chavo en Acapulco. Otro punto a objetar son las marcas de productos que se ve en algunos encuadres como si fuera Al fondo hay sitio. Cosas de los auspiciadores.

Como en Asu Mare, que debe ser un poco mejor (de la misma productora, Tondero Films), aparecen los Claun en pleno, aunque aquí todos son protagónicos salvo Gonzalo Torres. Y así, con esos elementos, una narración irregular y caras conocidas de televisión, Ascenzo apela a una fórmula que, si bien no nos satisface en lo fílmico, logra su objetivo con creces en la taquilla. Lo cual es plausible para ellos, pero cabe preguntarse si debemos conformarnos con eso.


*Película actualmente en cartelera