martes, 22 de julio de 2014

Ani Bustamante: “Chabuca convirtió en poesía todo aquello que era discriminado por el discurso patriarcal”




Autora del libro “Los sonidos de Eros, un recorrido por la obra de Chabuca Granda”, nos habla sobre este interesante “jam sesión”



Foto: Claudia Alzamora


Su música, su baile, su canto, la nutrieron desde niña, en el hogar familiar en donde Chabuca Granda trascendía a través de sus poéticas y seductoras canciones que eran celebradas con algarabía en esta morada. 

Si bien todo el arte de nuestra gran compositora la tenía seducida y embriagada, es a partir de su condición de extranjera en España, mientras realizaba su doctorado en psicoanálisis que Ani Bustamante retoma inconscientemente este entrañable vínculo, este diálogo con la autora de “La flor de la canela”, para aproximarse e interpretar, desde su particular mirada, parte de su valioso legado poético.

Así y fruto de este reencuentro nace: “Los sonidos de Eros, un recorrido por la obra de Chabuca Granda”, poético y excelente ensayo, una sesión musical o un “jam sesión”, como bien lo define la autora, que destaca el amor, la sexualidad y el mestizaje. Al respecto Lima en Escena entrevistó a la autora.



Foto: Ani Bustamante

-Ani, nos gustaría saber sobre tu relación con Chabuca Granda. ¿Cómo surge este vínculo con la poeta, la compositora, la intérprete…?

-Chabuca Granda fue figura central en la vida de mi familia. Su música fue como el nudo que entrelaza varios hilos sueltos, las primeras huellas de disfrute, de baile, de canto, llevan su marca. Sin embargo, “este” vínculo con ella, el íntimo de la escritura surgió siendo extranjera en España. Allí la reencontré y recién allí fui consciente de la manera como había marcado mi vida

-¿Qué te motivó a realizar este valioso ensayo psicoanalítico, que sin temor a equivocarme, creo es el primero que se hace con respecto a parte de la obra poética de Chabuca?

- Este ensayo tiene la estructura de una sesión musical o una jam sesión. Salía de una escritura sometida a las reglas de la academia, con mucho deseo de explorar la capacidad  de la palabra para hacer resonar en el cuerpo aquello que nos toca en lo más íntimo.  Desde mi propio inconsciente, desde mi propio placer y dolor, fui tratando de destejer y tejer preguntas sobre lo femenino, la sexualidad; sobre el sabernos seres itinerantes, pasajeros finitos. Chabuca Granda aparece en esta escena, y su voz, su letra, su ritmo despertó una huella que se enlazó inmediatamente con estos problemas de los que te hablo, y de pronto, fui tomada y empecé a escribir como embriagada. ¡Desayunaba, almorzaba y cenaba letras y música de Chabuca!

-¿Cuál consideras fue el aporte de Chabuca Granda a la música popular?

-A la música popular peruana Chabuca le otorga una complejidad única, la universaliza, se apodera de ella para reinventarla. Me parece que una de las cosas más importantes de Chabuca es su tremenda singularidad, su carácter inédito, su relación con lo múltiple y plural de la existencia, ya sea reconociendo la diversidad musical y cultural de Latinoamérica y componiendo maravillas con ella o sabiendo hacer de “puente” entre extremos opuestos de nuestro país.

-Chabuca fue una revolucionaria para su época. ¿Qué le permitió expresarse libremente a través de sus composiciones?

-Esta pregunta te la respondo desde la intuición. Pienso que Chabuca fue recorriendo muchos espacios que le permitieron abrir las alas. No nos olvidemos que tuvo que “pasar” por ciertos mandatos de la época como el matrimonio, por ejemplo, para luego poder trascenderlos. Creo que es en esa posibilidad de corte que ella da lugar a su ser mujer-canción, y cantar, por un lado, a la tradición, y por otro, a aspectos mucho más abstractos. Tengo la impresión de que la tremenda influencia negra, su gran amor por esa cultura, le permiten “ir-más-allá” y a través de lo negro Chabuca se libera musical y existencialmente.




-De otro lado, Chabuca poseía una magia especial en el escenario. ¿Cómo observas a Chabuca la cantante?

-Es cierto, nadie como ella para cantar su música, nadie con esa cadencia, ese tremendo ritmo del que ella entraba y salía, esa síncopa maestra que nos deja al filo del silencio. Eso “especial” que encontramos en Chabuca, y que aparece en todo aquel que logra hacer de su síntoma, es decir, de aquello que le incumbe hasta el tuétano y que lo singulariza del resto de personas, logra hacer de eso, una obra, siempre única.

-Te lo consulto porque hay quienes aseguran hasta hoy que ante todo Chabuca fue y es una compositora más que una cantante…

-A eso te contestaría con una de sus más bellas canciones: “pobre voz”, sobre ella Chabuca dijo: “tímidamente, este tema intenta explicar el dulce ciclo del agua en el drama de mi voz”. Mira la importancia que tenía para ella su voz, y el valor que le daba a su capacidad de, así como el agua, transitar, fluir, no desde la potencia lírica, ni la acrobacia, sino desde ese sonido, que sale de su cuerpo y recorre el mundo, y llega a hasta un otro, y está aquí…

- Como cantante Chabuca poseía además una fineza, garbo y exquisita sensibilidad. ¿Estas cualidades fueron naturales o surgieron a la par con su labor de escritora?

-Qué difícil pregunta, creo que ese “estilo” venía como marca, como algo que se labró en ella muy temprano y que luego supo trabajar, supo hacer uso de aquellas huellas primeras porque fue una mujer sedienta de vida, con un deseo claro por lo que hacía, y es eso, justamente, el deseo, es lo que va orientándola en el camino.

-La mujer es un tema esencial en la lírica de Chabuca Granda. ¿Qué dimensión cobran las mujeres en su poética?

- Son fundamentales, por ejemplo La flor de la canela, es un llamado al hombre para que se entere de la bella sutileza de lo femenino: “déjame que te cuente limeño”…Me parece que estas mujeres, en la obra poética de Chabuca, representan la capacidad de sobreponerse a la adversidad, de recuperar un lugar en el mundo. Es la guerrillera, la paisana, la soñadora, la flor de la canela, las que encarnan el tejido que hace posible una subversión del orden establecido a partir del lugar femenino.




-A través de sus canciones asumió también un discurso de denuncia sobre el rol de la mujer en una sociedad de dominio y explotación…

-La denuncia estaba presente, pero siempre elegante y poética. Chabuca tuvo la astucia de decir algo acerca del horror, del dolor, del abandono, con tal sutiliza, que lograba entrar en el inconsciente de todos, suave e indeleblemente. Ella supo convertir en poesía aquello que era discriminado y ninguneado por el discurso dominante patriarcal. Lo increíble es que nunca respondió con la misma moneda, no entro al juego de poder, ella hizo de la poesía su arma, como bien dijo acerca de Javier Heraud: “el fusil del poeta es una rosa”.

-Lo social, el poder, el futuro, fueron temas recurrentes en su poética. ¿A qué se debe esta reincidencia?

-Justamente porque salió del espacio doméstico atribuido en su tiempo a las mujeres para comprometerse con lo social. Todo creador tiene sus reincidencias, que tienen que ver con aquello que les atañe en lo más íntimo. Si te fijas, cada uno de nosotros rodea un tema, un tema que nos inquieta, nos interroga. 

Quizá una de las preguntas subyacentes de Chabuca Granda, que hace estallar gran parte de sus canciones, sea la pregunta por lo femenino, aun cuando está hablando de hombres y de lo masculino, esto está en relación con lo femenino, ya sea a través de un personaje, como en la Flor de la canela, o a través del estilo de su poética. Femenino y masculino danzan en su obra. 

Así como también la preocupación por el futuro, ella, toma la herencia y la transmuta a través de la canción en un futuro posible. Y el poder, ay, el poder… ella tuvo la habilidad de ponerlo finamente en cuestión.

-De otro lado, también están presentes temas como el deseo, la noche, la muerte…Háblanos al respecto

- En “una larga noche” Chabuca dice sobre la noche: “es solo larga cornisa que da la vuelta a la nada”. Ese es el punto, en esa constelación de canciones, hay una constatación de aquello que no puede ser nombrado, que apenas puede ser balbuceado… el deseo, la noche, el erotismo y la muerte, allí en dónde las reglas conservadoras, los regímenes de poder, no llegan, no controlan… esos pliegues de la existencia que no pueden ser regulados. Allí explora con  poética y ritmo inigualables






-Musicalmente, Chabuca fue también una artista muy versátil. Urdió  en el género criollo, los ritmos afroperuanos y latinoamericanos. ¿Cómo nutre esta versatilidad?

- Me gusta pensar a Chabuca como una mujer siempre en proceso, en devenir, en viaje (por ello el amor a los puentes, los caminos, los ríos, las veredas), esto le otorgó una tremenda apertura y plasticidad. Fue una mujer deseante, joven siempre.

-De otro lado. Las canciones dedicadas a Javier Heraud además de un rotundo homenaje al poeta, al individuo, ¿podría ser también una manera de redimir su violenta muerte…?

- Podría… claro! solo basta sentarse con calma y escucharlas, para sentir, en el propio cuerpo, la transformación del dolor indescriptible en belleza.

-La lirica de Heraud y Chabuca coincidían en hablar sobre los ríos y los viajes. ¿A qué le atribuyes este diálogo, esta coincidencia…?

- Es fascinante la coincidencia, ya que ellos nunca se conocieron. César Calvo fue el puente  que llevó a Chabuca hasta Heraud. Imposible saber a qué se debe la coincidencia, pero sí preguntarnos qué hemos hecho nosotros, los peruanos, con este legado. Ese “algo” que los acercó, quizá nos atañe, en tanto ellos pudieron poner en acto, en música, en poesía y subversión, lo que se mantiene en esta pasividad peruana, que no hace más que esconder ríos, de ríos, de ríos, que pueden arrasarnos.

-Finalmente. ¿Hasta qué punto la poética de Chabuca contribuyeron a cambiar esta chata, arcaica, sociedad que le toco vivir…?

- La idea es justamente que la obra de Chabuca nos ayude a pensarnos, a percibir un latido escondido, y deje de ser solamente considerada por un grupo de eruditos musicales, juergueros posmodernos, o peor aún, parte de la “marca Perú”.

Si le damos lugar a esta obra, absolutamente vigente y contemporánea, estoy segura de que más de uno no volverá a ser el mismo. Y desde esa subversión íntima, podemos pensar un país diferente.



“Los sonidos de Eros...”