miércoles, 30 de julio de 2014

CINE: Lo mejor de nuestras vidas






Escribe: Raúl Lizarzaburu

Tercer filme del francés Cédric Klapisch de la serie iniciada con Una casa de locos (L’auberge espagnole, 2002) y Las muñecas rusas (Les poupées russes, 2005), desarrollados en Barcelona y San Petersburgo respectivamente, todos con los mismos actores interpretando a los mismos personajes. Pero al margen de ello, Lo mejor de nuestras vidas (Casse-tête chinois, 2013) se puede ver independientemente de los otros dos, y eso de por sí es una ventaja.

Luego de unos créditos iniciales en los que se les ve más jóvenes, vemos al protagonista, ya cuarentón, y sobre quien gira la trama principal (además conduce la historia con una narración en off): es Daniel (Romain Duris), que se separa de su esposa inglesa Wendy (Kelly Reilly), que tiene una pareja americana, y debe despedirse de sus dos niños, que se van con ella a Nueva York. Pero él no se queda tranquilo, y decide seguirla, con todo lo que ello implica: instalarse en la gran urbe, buscar un depa y amoblarlo, conseguir un trabajo y un abogado, hacer la finta de un matrimonio con una joven asiática a la que conoce en un accidente de auto para obtener la residencia.

Y tanto en lo visual como en lo narrativo, el filme pone énfasis en el cosmopolitismo y la efervescencia de NY, con sus calles repletas de gente de todo el mundo (captado de manera espléndida por la fotografía de Natasha Braier). Y mientras Alex trata de poner orden en sus ideas y su vida se le aparece el espíritu de filósofos como Schopenhauer y Hegel para darle consejos, y ponerle un componente onírico al asunto.





Al referirme a la trama principal, es porque hay otras. Están por ejemplo la amiga lesbiana de Alex, Isabelle, que vive con su pareja Ju (Cécile de France-Sandrine Holt), y recurre a él como padre biológico de su hija. O Martine, la mujer que vuelve del pasado (Audrey Tautou, guapa y más encantadora que nunca) también con dos hijos, y lo ayuda con la novela que está escribiendo.

O la joven niñera belga, también llamada Isabelle (Fiore Buenaventura), que despierta una súbita atracción en su tocaya. Con todo esto, uno puede pensar que va a marearse. Pero Klapisch, además productor y autor del guión, sabe cómo ensamblar las cosas y hacer que queden en su lugar (de ahí el título original, Rompecabezas chino, más aparente que el nombre con que se ve aquí). Pone el humor y los enredos en la nota justa, como la ruta de Daniel en el mapa de Nueva York o los nervios ante el caripétreo inspector de migraciones (Peter McRobbie). Con el toque dramático (que se da sobre todo en el plano familiar), igual. Duris carga con el peso del filme y lo hace bastante bien. El veterano Benoit Jacquot aparece como el padre de Alex, que habla con él a la distancia.


En suma, Lo mejor de nuestras vidas es un filme que no desagrada en absoluto. Además, de vez en cuando es bueno ver algún estreno off-Hollywood en cartelera.