martes, 5 de agosto de 2014

CINE. Dos fantásticas







 Escribe: Raúl Lizarzaburu

Dos filmes de distintas vertientes de ciencia ficción, de reciente data y buena factura, han coincidido en nuestra cartelera. Uno tiene un tono posapocalíptico, más dramático, y el otro más ligero aunque no por ello menos elaborado (y violento). Otra coincidencia es que ambos se pueden ver en en 3-D. Se trata de El planeta de los simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), dirigida por Matt Reeves, y Guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014), del director y guionista James Gunn.

Primates en guerra
En 2011, con El planeta de los simios: (R)evolución, el director Rupert Wyatt recreaba, con sorprendentes resultados –y ayuda de la tecnología actual, claro– el legendario filme de nombre similar que protagonizara Charlton Heston en 1969, basado en la novela de Pierre Boulle, y del que habría varias secuelas. El planeta de los simios: Confrontación, con guión de Mark Bomback, Rick Jaffa y Amanda Silver, continúa la historia de esta nueva serie.

El inicio nos sitúa en el contexto: un mortal virus ha diezmado la población de seres humanos en el planeta, y a la par los simios han evolucionado y prevalecido sobre ellos. El encuentro con un puñado de sobrevivientes de la plaga en el bosque, encabezados por Malcolm (Jason Clarke), siembra el caos. Su líder, César (el ‘Gollum’ Andy Serkis), está llano a una convivencia pacífica con ellos, pero otro primate más belicoso, Koba –uno de los sobrenombres de Stalin–, prefiere la guerra con los hombres –de estos, Dreyfus (Gary Oldman) no se opone a exterminarlos– y ello genera una disputa de poder.


Si el de hace tres años era un buen filme, este es quizá mejor. Sus más de dos horas de duración no se sienten, y el curso que va tomando la historia va de la mano con una impecable factura técnica: efectos visuales, música, diseño de producción, con secuencias espectaculares como la batalla nocturna, la destrucción de la torre o el enfrentamiento entre los simios. El final da pie a un tercer episodio. Si se mantiene el nivel, es bienvenido.


Locura espacial


Guardianes de la galaxia se suma a la larga lista de tiras cómicas creadas por la Marvel (Thor, Hulk, Capitán América, El Hombre Araña et al) que llegan a la pantalla grande en imagen real. La historia se inicia en los años ochenta, con un niño acompañando a su madre en los momentos de agonía de esta, para que luego él sea llevado al espacio en una nave. 

Diecisiete años después, vemos al protagonista, Quill, cuando adulto (entonces lo interpreta Chris Pratt) en otro planeta, escuchando música despreocupadamente música en un walkman (buena banda sonora pop) hasta que se convierte en una presa codiciada para mercenarios debido a una misteriosa esfera, que encierra enorme energía en su interior, y que le robó al villano Ronan (Lee Pace). Así que pronto se ve perseguido por el avispado mapache Rocker, que se roba la película (voz de Bradley Cooper) y su ayudante un hombre-árbol que se la pasa diciendo “yo soy Groot” (voz de Vin Diesel); Gamora, una vampira extraterrestre (Zoe Saldana, que en ‘Avatar’ era azul y aquí es verde); y el forzudo Drax (Dave Bautista). Todos se encuentran en prisión pero pronto se unen con el mismo fin: enfrentar a Ronan y apelar a todo para impedir que lleve a cabo sus planes.

Tenemos aquí una aventura espacial inevitablemente tributaria de Star Wars, pero con una mayor e inusitada cuota de divertimento, de humor, con buenos resultados. Los coloridos efectos visuales (en 3-D además) hacen su parte. Un irreconocible Benicio del Toro (con un look a lo Billy Idol) y Glenn Close aparecen en papeles secundarios. Distintos entre sí, tenemos de este modo dos buenos ejercicios de cine fantástico.