sábado, 7 de marzo de 2015

Mónica Delgado: “Para que haya industria de cine en el Perú debe existir nueva ley”





Directora del portal Desistfilm dice que  sin nueva ley y sin políticas claras de promoción no podemos hablar de una industria de cine local





En la actualidad para referirse al incremento de las producciones de películas nacionales, principalmente las producidas en estos últimos años, algunos “personajes” de los  medios de la prensa oficial, de determinados blogs o portales de cine, antojadizamente hacen uso de la manoseada frase “la industria de cine peruano”.

¿Se puede hablar de una industria de cine en el Perú? Definitivamente no. Con el incremento de las producciones nacionales registradas en estos últimos años, se prepara el terreno hacia la construcción de una industria cinematográfica local, pero el Perú aún no cuenta con una industria en este sector.

A decir de Mónica Delgado, directora del portal de cine independiente Desistfilm y una de nuestras críticas más serias y respetables a nivel local e internacional: "Que exista una fiebre por el “product placement” (publicidad camuflada dentro de las historias de las películas) que ha hecho posible la explosión del cine peruano comercial no significa que haya industria. Para que haya industria se requiere una nueva ley de cine, sin eso, lo demás es parte de un negocio". 

Para charlar al respecto Lima en Escena contactó con Mónica Delgado.




-Mónica en el país se escribe y se habla frecuentemente de un “boom” o de una “industria cinematográfica local”. ¿El Perú cuenta con una industria de cine?  

-No se puede hablar de una industria nacional de cine. Se vive una burbuja debido a la tendencia creciente en traducir número de taquilla en números de películas estrenadas por año en la cartelera comercial. Esto no es precisamente indicadores que reflejen el ejercicio de una industria pero sí quizás sus primeros pasos hacia ella. Que exista una fiebre por el “product placement” (la publicidad camuflada dentro de las historias de las películas) y que ha hecho posible la explosión del cine peruano comercial no significa que haya una industria. Para que haya una industria se requiere de una nueva ley de cine, sin eso, lo demás es parte de un negocio como cualquier otro.

-¿Qué requiere el Perú para contar con una industria de cine como Argentina, Brasil, México…?

-Más bien me pregunto si se puede tener industria de cine sin cinemateca, sin archivos de cine financiados por el Estado, sin escuelas de cine o audiovisual, sin sindicatos, sin regulaciones a los exhibidores, sin la misma ley de cine, sin incentivos a un cine nacional que no discrimine entre cine regional, experimental o asháninca…

-Frente a toda esta ola de crecimiento de las producciones de cine comercial o experimental, ¿cuáles son tus percepciones sobre el desarrollo del segmento cinematográfico actual?

-Es una percepción que tiene sus contradicciones y que imagino seguirá en esa vía por algunos años más salvo sorpresas. En primer lugar no tenemos aún nueva ley de cine lo que demuestra la poca voluntad del Estado en definir cuál debe ser la política nacional, tanto con esta ley como con algunas medidas que acompañen las acciones que se vienen dando a través de la Dirección de Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios del Ministerio de Cultura.

Razón por la cual se percibe un panorama disociado entre el incentivo a un cine nacional desde el impulso estatal y la creación de demanda de un cine comercial y de género desde una visión de la empresa privada. Hace poco en una entrevista el director de Dafo Pierre Emile Vandoorne, indicó que ninguna otra expresión o industria cultural recibe un incentivo o presupuesto anual tal como el que se otorga al cine en las ayudas económicas para los diversos concursos, lo cual es cierto.

Sin embargo pese a este esfuerzo no existe una traducción real de la diversidad que refleja el estado del cine peruano. Comprendo la necesidad de tratar empoderar una industria en ciernes, de querer fomentar un mercado del cine, pero no se puede descuidar la naturaleza de las políticas públicas que buscan precisamente visibilizar un cine al margen que se hace sí con su público y sus propios canales de distribución.

Por otro lado, se ha tenido producción nacional como nunca, tanto de productoras grandes como pequeñas, tanto en películas exhibidas en festivales internacionales como locales, tanto cine hecho con los recursos más manidos de los géneros como aquellos que apuestan por un estilo más personal. Esa es la paradoja: hay más cine pero sin nueva ley y sin políticas claras de promoción o incentivos en diversidad.




-Otros de los aspectos de toda esta productividad cinematográfica local es la referida a los géneros. Se ha producido cintas de terror, suspenso, históricas, comedias… ¿Qué opinas al respecto? 

-Pareciera que esto responde más a estudios de marketing y estrategias surgidas de grupos focales que a verdaderas intenciones de producir un cine de género, sobre todo porque muchos de los directores no encuentran un pulso o agilidad dentro de los géneros. Asumare hace reír al público que busca una buena comedia pero no porque haya encontrado identificación con los motivos del género sino porque se apropia de recursos extracinematográficos como la afinidad televisiva, la popularidad de los personajes, el stand up comedy, los chistes locales, las referencias sociales, la nostalgia generacional,  entre otros…

-El 2014 se estrenaron alrededor de 37 películas comerciales, independientes, regionales, cortos y mediometrajes. ¿Consideras que estamos ante una performance auspiciosa?

-De las 37 películas estrenadas solo dos o tres aparecen en las listas de lo mejor del cine peruano por la crítica. De esas 37 películas dos o tres también han sido un éxito de taquilla. Definitivamente el tema de la calidad o del gusto del público no parece condicionar un tema de “performance” general porque no es posible ver al cine peruano como una gran masa. Ha habido películas de todo calibre y de variada calidad: históricas, comedias, policiales, de terror o mezcla involuntaria de todo ello, pero también experiencias en el experimental, en el cine minimal, en el documental.

-Según la crítica El Vientre, El Mudo y el Elefante desaparecido fueron las mejores películas del 2014. ¿Compartes esta posición?

- De alguna manera son películas que poseen un plus que las diferencian del cine peruano menos creativo. En El Vientre asoma una actuación de Vanessa Saba a tono con la propuesta del thriller y el suspenso y se percibe un trabajo cuidado de dirección de arte por generar una atmósfera distinta que otras películas de terror estrenadas no tienen.

Por otro lado El Mudo resulta un paso más adelante en la carrera de los hermanos Vega, ya que si bien su historia retrata a este juez en situaciones que lo desnudan, la puesta en escena de colores ocres, pálidos que sigue usando los planos fijos, de espacios que parecen asfixiar a los personajes, hay una intención de retratar algo de esta ciudad que cobija y agobia.

El elefante desaparecido también es un avance en la trayectoria de Javier Fuentes-León pero encuentro mucho guiño cinéfilo o demasiada cita, reminiscencias a otros filmes que me hicieron perder el entusiasmo. Y de hecho en 2014 hubo un grupo de películas relevantes como 5 de Eduardo Quispe, Mecanismo Velador de Diego Vizcarra o Microbús de Alejandro Small por el estilo y la intención.

5 de Eduardo Quispe
Microbús de Alejandro Small 


-De otro lado. ¿Cómo observas la crítica de cine en el país?

-La veo estática y con las mismas motivaciones de hace veinte años. Los mismos guetos y las mismas etiquetas para entender el cine. No me imagino ahora a nadie haciendo videoensayos o sacando más revistas online de cine. Abundan los blogs y la vieja premisa de que para escribir de cine solo necesitas ver películas y ya. 

Me alarma que no surjan cosas desde las universidades. Me da la impresión de que a pesar de que hay más apertura y democratización al acceso de los films, haya pocas ganas de escribir y de investigar. No existe la profesionalización como tal y parece que así estamos como a los inicios de la crítica de cine en el Perú donde el cine era objeto de análisis de periodistas, de los hijos de los dueños de los diarios, de los escritores y de los poetas. Y eso viene pasando.

-¿Qué nos puedes decir sobre el tema de la investigación cinematográfica local y la publicación de libros sobre cine peruano?

-Perú debe ser el país que menos libros sobre cine publica al año. Solo las universidades publican libros de cine o revistas porque forma parte de su plan académico. Nos vamos a tardar en ver un libro publicado sobre el cine de Claudia Llosa, sobre David Lynch, sobre Wes Anderson, o sobre Armando Robles Godoy. Sí debería haber un catálogo de publicaciones que debería publicar el mismo ministerio.

Chacho León Frías publicó un par de libros, Fico García uno sobre Lombardi y encima en una editorial de afuera y así surgen más casos. Faltan políticas públicas de promoción de este tipo de investigaciones. No hay incentivos como en Chile o Argentina para este rubro. No hay editores interesados en publicar sobre cine así que solo queda recurrir al autofinancimiento. En todo caso si se escribe sobre cine hay que meterlo en otro tipo de saco, como el psicoanálisis o el análisis sociológico para que sea “vendible”.




-Cambiando de tema y centrándonos en Desistfilm, la revista internacional de cine independiente que diriges. Cuéntanos sobre ella. ¿Cómo decides darle vida?

-La revista surgió tras conversaciones con dos colegas José Sarmiento y John Campos Gomes. Finalmente quedó como un proyecto de dos. La llamamos Desistfilm en honor a un corto de Stan Brakhage, el cineasta experimental de EEUU ya fallecido. Este proyecto surge por una razón sencilla. Las redes sociales multiplicaron las formas de compartir información con cinéfilos y críticos de cine como nosotros razon por la cual la ideamos como una plataforma online bilingüe en español e inglés donde pudiéramos dialogar tanto con cineastas jóvenes y veteranos, con cinéfilos que conocimos en Mubi, en Vimeo, en Facebook y Twitter.

 La revista es impensable sin las redes sociales lo que le da un carácter multinacional. Nadie nos dice: “ah son peruanos”, “o cómo así la sacan desde Perú”, más bien es un espacio que identifican como aquel donde escriben cinéfilos y críticos de diversas partes del mundo y que comparten una afinidad por un cine independiente a secas.

-¿Cuáles son los objetivos, las metas de Desistfilm como publicación especializada?

-Nuestro objetivo es el del intercambio. También ayudar a visibilizar un tipo de cine distinto del circuito de festivales sobre todo y que se pueda compartir o dar a conocer. El eje de la revista es escribir sobre el cine que nos involucra de alguna manera, el que nunca llega a tiempo, el que nunca se exhibirá comercialmente pero al que puedes acceder en diversas plataformas online. Así la idea de lo snob o elitista que se atribuía al cine experimental por ejemplo queda en el anacronismo. Se puede ver todo el cine experimental que quieras en Youtube o Vimeo. O más fácil aún, lograr su difusión gratuita como estamos tratando de hacer con el proyecto de desistfilm en vimeo.

-Asimismo, con el observatorio y laboratorio “Hambre” organizaron una muestra de cine independiente y experimental. ¿Cuáles fueron los resultados?

-Se pasaron películas nunca antes exhibidas en Lima y que tenían en común mostrar trabajos de cineastas muy cercanos a Desistfilm que conocimos en festivales y redes sociales, y que de algún modo reflejó la amistad, el diálogo cinéfilo que establecimos con ellos. Pasamos parte de la obra de Clarice Hahn, cineasta francesa que aborda el tema del cuerpo desde lo político y también los trabajos muy recientes del Colectivo Los Ingrávidos, incluso pasamos un corto hecho un viernes y que se pasó aquí cinco días después, lo que habla de la inmediatez en las posibilidades del experimental en estos nuevos conceptos que propicia la Internet. 

Hubo interés del público que se conectó con diversos temas, como el de los estudiantes de Ayotzinapa desde Los Ingrávidos, o de los parajes secos del Brasil, en el nuevo “Sertao” en el cine de Paula Gaitán, quien fuera esposa de Glauber Rocha. Fue una muestra rica y que nos permitió compartir precisamente el trabajo de los cineastas con los cuáles establecimos un vínculo cercano, en la vieja afinidad de crítico y cineasta, que en el Perú parece que no tiene muchos adeptos.