martes, 15 de septiembre de 2015

El otro teatro: la otra orilla




Pinceladas de cuatro conversas y once convidados en Casa EspacioLibre






Escribe: Diego La Hoz

Seguro estas líneas quedarán cortas para todo aquello que quisiera compartir desde la otra orilla de nuestro pequeño teatro en Barranco. Orilla (ahora sí) independiente de las implacables formas que establece el sistema de mercado, de las condiciones que impiden un hacer libre, del estado que (para bien y para mal) se desentiende de la cultura y de sus diversas manifestaciones. Esa orilla que se orilla lejos del centralismo limeño. Esa orilla que se piensa en peruano. Fértil aún en su tradición teatral que no teme revisarse en el presente… Y que busca contar la verdad de la historia sin aprovecharse de la violencia para tapar los sentidos propios de sus agonistas. Suscribo la renovada pregunta que nos hizo Carlos Vargas apropósito de La Muestra de Teatro Peruano: ¿Existe un teatro (independiente) peruano? Existen muchos y están copulando bajo las piedras.

TEATRO E INVESTIGACIÓN
Quizá una de las grandes polémicas sobre la naturaleza del arte está en su carácter cognitivo. O sea, al ser un lenguaje (el lenguaje de la vida, señalan algunos) produce un indudable tipo de conocimiento. No racional. Más bien vivencial. Un conocimiento que nace de la propia experiencia. Que se apropia de la realidad. La aprehende. Y por lo general, la cuestiona. Como diría Ionesco “Si tuviera respuestas, sería político”. En plena polémica de si se le debe dar rango universitario a las escuelas de arte, aparece la necesidad implacable de preguntarnos por qué no se está investigando lo suficiente. ¿Será esa una de las razones por las que se cuestiona ese mérito académico? Las hipótesis son muchas.

Lo cierto es que para que haya investigación hay que investigar. Preservar lo que cada uno produce como artista. Tomar notas de los procesos. Hacer cartografías de nuestros teatros. Registros. Informes. En fin, hacer visible aquello que tanto nos cuesta construir en un país como el Perú. No se trata de escribir grandes libros. Ellos llegarán cuando menos lo pensemos. Sospecho que, al no tener por estos lares el hábito del teatro y la lectura, se hace más difícil investigar. Por otro lado, es sabido que el espacio que se le da al “teatro escrito” en los estudios literarios de nuestras instituciones educativas es insuficiente o casi nulo. No es costumbre pues. Es posible, como ensaya Vargas, que la hegemonía literaria no dramática que padecemos sea un devenir de la tradición cervantina. Entonces, si no sabemos que el poeta César Vallejo también escribió teatro y creemos que Ollantay es una obra anónima y precolombina, mucho menos podremos estudiar el fenómeno teatral como productor de saberes.

TEATRO Y LEY
Mucho se habla de que nuestro sistema político es responsable de un vaciamiento cultural sin precedentes. Escribe Víctor Vich: “La propuesta por desculturalizar la cultura implica entonces arrancar la cultura de su supuesta autonomía y utilizarla como recurso para intervenir en el cambio social”. Y es que la cultura es considerada como gasto y no como inversión. Se buscan resultados acordes al mercado. Crece la oferta, pero no crece la demanda. Aquí por lo pronto. Todo se queda en la esfera de la compra-venta como si fuera un producto de tele feria. Reducido además a élites y consumidores privilegiados. Sucede entonces que la justicia termina siendo un lugar común. Un tópico. Y además de eso, otro mercadillo donde se compran jueces, fiscales y abogados al por mayor.

Nuestra anquilosada jurisprudencia romano-germánica nos ha llevado a tener muchísimas leyes. Excesivas. Leyes que (por tantas) son complejas, disparatadas y encima no se cumplen. Que no son respuesta de mecanismos participativos. Por lo tanto, la sociedad civil no opera como podría (y debería) hacerlo. Tenemos una Ley del Artista abandonada. Repleta de vacíos. Sin revisiones. Un Ministerio de Cultura que, por su infancia, aún no se inserta en la política pública. Y es que de eso se trata, de “políticas públicas”, de procesos culturales y no de productos culturales. ¿Será que nos han enseñado a ser consumidores antes que ciudadanos? Pues bien, como sociedad civil tenemos mucha responsabilidad. La primera es organizarnos. La segunda dialogar… Y la tercera, comprender que disentir no es pelear.

TEATRO Y EDUCACIÓN
Lo más visible no es lo que nos representa. Frente a este (des)alentador panorama hay por debajo o en los alrededores una inquietante actividad teatral que se hace y se piensa. Que no le teme a la paradoja del que reflexiona no hace y el que hace no reflexiona. En resumen, la pugna entre el gestor y el académico. Pues bien, la idea es movilizar pensamientos que nos permitan un aprendizaje cruzado. Retroactivo. Vivimos en un mundo híper especializado, donde además la tendencia en cada área tiende a ser bastante endogámica. Las comunidades creadoras se han convertido en islas. Asumiendo compromisos de tibia factura. Es así. Nuestra educación escolar determina en gran medida la vinculación posterior con el aprendizaje y la toma de decisiones. Le tememos a la duda, a la confrontación y a la autodisciplina. Hemos tenido muchos intentos de sistematizar las técnicas teatrales, sin embargo siempre terminan siendo “subjetivas”.

 El artista está en un proceso creativo veinticuatro horas al día. Mientras come. Mientras se ducha. Mientras duerme. Se transforma para (trans)formar. Es importante que nuestras propuestas de valor estén concebidas adecuadamente para que se consoliden y trasciendan. Tener éxito no significa claudicar a los principios. “Si tú crees que lo que haces vale la pena quieres que llegue a la mayor cantidad de gente posible” dijo Fernando Zevallos. ¿Y las escuelas (o colectivos) de arte? Más allá de sus aspiraciones académicas y figuretistas deberían repensar sus programas: darle pensamiento crítico a la práctica y eficiencia al ejercicio en tanto se piensa con el otro. El teatro es el arte de la convivencia. El teatro es el arte del contagio.




TEATRO Y NUEVOS ESPACIOS CULTURALES
Nosotros como grupo y casa de teatro, pensamos que es fundamental perder el miedo a la aventura de un espacio alternativo. Todo espacio cultural se concibe primero como una idea. Y esa idea puede partir de una necesidad, de un proyecto de vida, de una sociedad o alianza estratégica, de un negocio paralelo, y de otros tantos etcéteras. Lo que está claro es que se construye en el tiempo. Que sus integrantes son quienes le imprimen carácter. Y son responsables de saber observar las limitaciones y bondades del espacio. Incluso pueden cambiar los objetivos. La permeabilidad al cambio es muy saludable.

 Y escuchar a la comunidad dará las luces para terminar de redondear la idea hecha acción. Con el espectador/visitante nacen las tareas. La necesidad de or-ga-ni-zar-se. Un espacio cultural requiere de un “espacio de creación” porque puede ser que la gestión y producción terminen ahogando el proyecto. Hacerlo sostenible es la gran tarea. Cuidar los detalles. Atender a los acuerdos con compromiso explícito… Y encontrar en el océano azul la oportunidad. La idea es que aquel que nos visita quiera volver. Los espacios culturales alternativos son la plataforma del nuevo teatro independiente. Son la respuesta a la censura, al comercio desproporcionado, a la tala indiscriminada de buen gusto, al centralismo y a la importación de realidades que adormecen. Abrir una puerta es regalar esperanza a las nuevas generaciones de nuestro teatro peruano. Nosotros somos pregoneros de nuestro propio arte.

CONCOLON-FÓN
Si bien hace casi doscientos años se proclamó la independencia del Perú, la libertad no ha sido conquistada. Seguimos divididos por el poder. Hemos perdido la conciencia de clases. Nos acusamos de burgueses, rojos, azulinos, caviares, conservadores, y no somos más que una gran mayoría hambrienta, y una minoría que nos gobierna y se enriquece. Y como escribió Salazar Bondy: “La carrera del limeño notable comienza en el puesto público” Pero como el teatro es una reserva para ejercitar nuestra libertad, más allá del tiempo y del espacio, hay que darle la posibilidad de transformar nuestra realidad con disciplina y menos reverencia a las formas. Sigamos conversando. Sigamos tendiendo puentes. Sanemos el Perú.

LARGO APLAUSO
Los convidados a estos cuatro jueves de coloquios en el mes de la cosecha (agosto) fueron: Paloma Del Carpio, Paloma Duarte, Liliana Galván, Enzo Gárate, Sandro La Torre, José Carlos Llerena, Antonio Quispe, Ernesto Ráez, Laurietz Seda, Carlos Vargas Salgado y Fernando Zevallos. ¡Gracias por su voz y experiencia!