martes, 8 de septiembre de 2015

Yeniva Fernández: “Le debo al cine el gusto por lo inexplicable y lo siniestro”




En la siguiente entrevista la autora del libro “Siete paseos por la niebla” nos da algunos alcances sobre los maravillosos relatos de su nueva obra  




Fotos: Rosana López Cubas



Además de ser la autora de “Siete paseos por la niebla” (Campo Letrado, 2015), uno de los libros de relatos sobre historias insólitas, siniestras e inexplicables más importante en lo que va del año, la escritora Yeniva Fernández, es una de las voces más representativas del género de narrativa fantástica contemporánea escrito por mujeres.

A decir del escritor Alonso Cueto: “El viaje al que nos lleva Siete paseos por la niebla está lleno de sorpresas y de asombros. La mirada de Yeniva Fernández es tierna, precisa, natural. Es un placer estar cerca de sus personajes”. Precisamente para charlar al respecto Lima en Escena entrevistó a la autora quien nos dio algunos detalles sobre algunos de sus cuentos del aludido texto.


-Yeniva, las mujeres: niñas, jóvenes, adultas, son las protagonistas de casi todos los cuentos de Siete paseos por la niebla. Mujeres envueltas en historias mágicas, sobrenaturales y siniestras. ¿Cómo fue el proceso de construcción de Rutka o Evelina?

-Me planteé desde un principio personajes femeninos porque me parece importante que las mujeres demos testimonio de nuestro género desde dentro, además, creo que la literatura peruana está poblada mayoritariamente de protagonistas masculinos y es necesario comenzar a equilibrar la balanza.

En el caso de Rutka, yo quería escribir una historia de vampiros, pero se cruzó en el camino una serie de testimonios sobre el bulling que vi en la televisión y la idea me quedó rondando en la cabeza, luego encontré un libro sobre RutkaLaskier, la Ana Frank polaca, y la cara de esta niña en la tapa del libro me pareció tan hermosa y tan triste a la vez, que creo que fue su mirada la que me ayudó a encontrar el camino final del relato.

-Ambos relatos nos conlleva a episodios extraños, trágicos. ¿Cómo se gestan estas aventuras en donde el mundo infantil destaca de manera insólita?

-Me interesa la niñez como etapa de una fragilidad especialmente oscura. Creo que nunca somos tan vulnerables, estamos tan abiertos al asombro o dispuestos a comernos literalmente el mundo como cuando somos niños. Hay en esa época una fuerza interior inversamente proporcional a nuestras capacidades físicas, y esa comprobación es muy dolorosa.

Respecto al origen de las historias, es muy diverso. Si con Rutka, por ejemplo, todo fue muy pensado, con Evelina, en cambio, fue un proceso más inconsciente. Estuve releyendo las novelas de las hermanas Bronte, y de pronto una noche, soñé casi completa la historia, la vi como si fuera una película, y todavía tengo grabada en mi mente la mirada perturbadora y desesperada del profesor de música.

-El amor desde diversos focos, aristas, igualmente enriquecen estas historias siniestras. ¿Por qué el tema romántico desde la desgracia cobra un interés particular en tu proceso creativo?

-Porque una historia feliz es muy aburrida, ¿qué se puede contar de la felicidad? Para vivirla está bien, pero como narrativa es muy plana.


-Lo mismo sucede con el tema de la amistad ¿no?

-Sí, yo creo que la amistad, como el amor, se fortalecen cuando atraviesan juntos pequeñas y grandes mareas y saben llevar el barquito a flote, son compañeros de garuas y tormentas, buenos marineros en la aventura de la vida.

-Las geografías físicas de las historias son ricas en sus recreaciones, atmósferas y te paseas como pez en el agua cuando nos hablas de la belleza de lo urbano y lo rural. ¿De qué manera te estimularon estos espacios durante su construcción?

Me encanta viajar, por mí siempre estaría de viaje. Pienso que viajar es un modo de ensanchar tu casa, los paisajes, los lugares, la gente se quedan dentro de ti, te los apropias. Tu mirada de las cosas es más intensa durante el viaje porque sabes que tienes poco tiempo, entonces todo lo observas a través de un lente más grueso.






-“Con Yolanda en el acantilado” hay una presencia de Miraflores, sus calles, el mar… ¿Qué significado tiene este distrito para ti?

-Yo viví hasta mis 28 años en Miraflores, mi niñez, adolescencia y juventud los pasé allí. Es mi barrio, sé de su soberbia, pero también de su solidaridad. Miraflores siempre va a ser mi casa.

-En “Una noche en las Dalias” haces alusión al soundtruck de la película Dr. Zhivago y también a clásicos como Gilda o Cumbres borrascosas, una clara influencia cinematográfica. ¿Esto responde a tu papel de cinéfila?

-Totalmente. El cine me acompañó antes que la literatura, yo me formé viendo películas en blanco y negro por la televisión. De niña veía series como: Un paso al más allá, La hora macabra, Kolchak, Hitchcock presenta. Veía las películas de monstruos de la Universal y las joyas de la RKO. Con la literatura me enganché a los 11 años, con: Crimen y Castigo, pero porque ya el cine había abonado el terreno. Yo le debo al cine el gusto por lo inexplicable y lo siniestro.

-En cada uno de los siete relatos se evidencia además un ágil manejo del suspenso lo cual me permite encontrar cierto parentesco con el cine de este género más que con la literatura. ¿Se dan la mano en un tas la influencia cinematográfica y literaria o pesa más lo literario?

-Yo diría que más lo cinéfilo. La literatura, como te dije antes, la descubro cuando ya había agarrado el gusto por el género fantástico a través de la televisión. Con la literatura comienzo por Dostoievski porque me gustó su oscuridad, sus personajes atormentados, y de allí pasaron a otras lecturas, pero sin olvidar nunca mis primeros amores terroríficos.


-Emparentan alguno de tus cuentos con uno de Joseph Adolph, otro de Julio Ramón Ribeiro y perciben asimismo una marcada influencia de Edgardo Rivera Martínez. ¿Qué opinas al respecto?

-A esos tres señores los amo. No sabría decirte si son una influencia directa, aunque obviamente los he leído con placer, como también he leído a Carlos Fuentes, Poe, las hermanas Bronte, Dostoievski, Simenon, Borges, Mary Shelley,  Patricia Highsmith, a Cortázar, a Henry James. Sería un honor que algo, aunque sea mínimo, de alguno de esos maestros estuviera en la genealogía de mis cuentos.





-Con este libro tu narrativa continúa apostando por el género fantástico… ¿Cómo surge este interés por escribir literatura fantástica?

-Porque es lo que me sale, así trabaja mi mente. Durante mucho tiempo escribí literatura realista porque me decía que era lo que debía escribir, era el canon y yo quería estar dentro. Por eso mi primer libro está dividido en mitad realista mitad fantástico. Pero un buen día me dije: al diablo, voy a hacer lo que me gusta. Y ese es el camino que quiero transitar. Bueno, en verdad son dos los géneros que me apasionan: el fantástico y el policial. Y en ambos sentidos pienso trabajar de ahora en adelante. Por ahí tal vez escriba algo realista, pero será muy de vez en cuando.

-Los autores y/o críticos que han comentado Siete paseos por la niebla han coincidido en afirmar que este libro destaca por la madurez de tu escritura y el excelente entramado de tus cuentos. ¿Lo percibes así también…?

-Sí, con este segundo libro estoy haciendo lo que de verdad quiero hacer.


-A propósito de todo este tema. ¿Cómo observas el desarrollo del género fantástico en el país?

-Pienso que el desarrollo de la literatura de géneros como el fantástico y el policial esta en nuestro país en una especie de adolescencia. Ambas ramas son todavía delgadas en comparación con el sólido follaje realista, pero creo que la variedad de temas de la actual coyuntura favorece que ambas puedan obtener una mayor visibilidad y así propiciar su cultivo. Nuestros padres  Clemente Palma,  José Adolph, Rivera Martínez, Calderón Fajardo, Belevan, Ribeyro (en algunos de sus cuentos) plantaron la semilla en estas tierras, nosotros, los de mi generación extendemos las rama, pero es en los más jóvenes donde tengo puestas mis esperanzas.

 -Son poquísimas las autoras que destacan en este género. Yeniva Fernández en cuentos y Beatriz Ontaneda en novelística. ¿A que le atribuyes este hecho?

-No lo sé. Creo que no es un tema de género, sino de gusto, de sensibilidad.