lunes, 12 de octubre de 2015

“Bajo la Batalla de Miraflores”: la tragedia de elegir




Dilemas de vida y honor





Escribe: Alexiel Vidam  
Directora de Cinematosis



Bajo la Batalla de Miraflores –escrita y dirigida por Paola Vicente- es una obra teatral intensa. Ambientada en una guerra adonde los peruanos íbamos directo a perder, donde el final era completamente predecible, y lo más que uno podía esperar, era que los suyos volviesen con vida. 1881, 15 de enero; exactamente durante la Batalla de Miraflores, en el contexto de la Guerra del Pacífico.

Éste es el drama de la familia Garay. Julia y su madre Doña Clara, se encuentran escondidas en el sótano de la casa, junto a su joven criada Esperanza. El padre y el hermano de Julia –Mariano-, se han enlistado. Mientras ellas soportan en medio de la oscuridad el fin de la batalla, un desconocido se cuela en su casa. Dice ser ex alumno del padre de Julia… pero ella no le recuerda.

¿Confiar en este hombre, que está herido y parece sincero? ¿… o echarle afuera a su suerte…? Éstas son sólo las dos primeras preguntas morales que aparecen en la obra.  Y es el que el guión trata, básicamente, del dilema entre el deber y el proteger, el conmoverse o permanecer implacable. En cualquier caso… ¿a quién proteger? ¿Qué debe ser primero para uno?

La historia tiende a juzgar con mucha dureza a los desertores, a quienes todos llamamos “traidores”, “cobardes”, “vende patria”, ¿pero es la cuestión así de sencilla en el momento preciso en que ocurren los hechos…? ¿Qué sucede si tu vida o la de tu propia familia es lo que se encuentra en riesgo?

Quizás quien comprende mejor esa situación –así de trágica-, es Mariano –hermano de Julia-, el personaje más controversial, humano, redondo y matizado. Él es quien cuestiona las cosas, quien se pregunta por qué o para quién pelar, qué valor tienen las cosas o la propia vida. Asimismo, aunque en menor medida, sucede con su contraparte, Martín Corcuera –nombre que adopta el desconocido-, hombre que conoce muy bien sus objetivos, pero que parece movido también por un fuerte sentimiento de decepción, dolor, rabia, e incluso por una atracción que parece sugerida hacia otro de los personajes.

Las mujeres, por el contrario, presentan caracteres bastante más planos; esto resulta un poco incómodo en nuestra época, pero comprensible en el contexto de la historia, y necesario para hacer el contraste con los otros dos personajes. Ellos se roban la historia. Curioso, pues uno diría que Julia es la protagonista, pero su personaje resulta bastante más estereotipado, típicamente moralista y clásicamente heroico. Digamos que ella recupera el foco y solidez hacia el final de la trama, cuando su convicción es puesta realmente a prueba, en una situación verdaderamente fatal.





Sobre la puesta en escena en sí, podemos denotar la minuciosidad en el aspecto de producción, el detalle, que va de la mano con un guión que exige haber investigado exhaustivamente en la historia. La buena adaptación de los diálogos –usando incluso los coloquios de antaño-, en concordancia con la buena elección de vestuario y decorados, nos sumerge en un viaje hacia el pasado, a una época que actualmente sólo conocemos por libros o documentales. Lo mismo sucede con el trabajo de sonido, que pone énfasis en el drama y construye una atmósfera de intriga.

Tal vez, el punto más flojo que pude percibir en la obra, y que afortunadamente consigue equilibrarse según la misma avanza, está en algunas interpretaciones. Desde mi perspectiva, la actuación de las tres mujeres resulta, al principio, demasiado uniforme. Por el guión, entendemos que entre Julia y su madre existen fuertes diferencias; mentalidades casi opuestas, con simples rasgos comunes debido a la época y al estilo de vida que tienen.

 Sin embargo, su entonación, su manera de acentuar las palabras y el carácter histriónico que de por sí la obra maneja, anula un poco esas diferencias. Esto último me parece importante de resaltar, pues siento que, de alguna manera, todos los personajes se la pasan tan exaltados todo el tiempo, que hay momentos en que la emoción se pierde precisamente por falta de contraste –y en sus momentos más críticos, por exceso de tonos agudos-. Pienso que manejar diferentes grados de voz en distintos instantes, ayudaría a percibir mejor los momentos de clímax.

Entre las actuaciones, me parece necesario resaltar las de Sergio Cano y Dante Del Águila, quienes supieron transmitir, con mucha precisión, los matices de sus personajes. La entrada de Sergio crea el punto de quiebre en la historia; transmite una energía muy potente, indignante,  desgarradora. Su enfrentamiento verbal con Del Águila nos lleva a la reflexión, y el monólogo magistral de este último, termina por rescatar lo que resulta –de algún modo- otra manera de traición (la suya hacia sus propios fines); eleva, además, en sus líneas, al personaje de Julia, por ser el más íntegro y fiel a sus principios.

Vale decir, que esta obra, cuyo nombre original fue Hombres limpios, fue la ganadora del IV Concurso de Dramaturgia Peruana Ponemos tu obra en escena, organizado por El Británico. Actualmente se está presentando de jueves a domingo en el CC. Ricardo Palma, y las entradas pueden encontrarse en Teleticket.



Ficha técnica:

Dirección y guión: Paola Vicente
Cast de actores: Lilian Nieto (Doña Clara), Angie Ruiz (Julia), Sergio Cano (Marianito), Dante Del Águila (el hombre), Valquiria Huerta (Esperanza).
Producción general: The Learning Factory
Producción general: Vodevil Producciones