viernes, 2 de octubre de 2015

Karina Pacheco Medrano: “Las causas de la violencia política siguen latentes y sus heridas permanecen abiertas”




En estos momentos la autora participa en la FIL de Arequipa  en donde hoy presenta su último libro “Miradas. Antología de cuentos” y  estará en FELINO para formar parte de dos importantes charlas






La antropóloga y escritora cusqueña Karina Pacheco Medrano, es una de las autoras invitadas para participar en dos importantes conversatorios en FELINO, la primera Feria del Libro de Lima Norte, que se llevará a cabo hasta el 13 de octubre en el Centro Comercial Plaza Norte. 

El 12 de octubre junto a los escritores Ulises Gutiérrez Llantoy (Huancavelica) y Christian Reynoso (Puno) participan en el conversatorio "Literaturas en migración: escribiendo entre los Andes y las urbes".  Finalmente, el martes 13 de octubre a las 7:00 de la noche, formará parte de la mesa redonda: “Memoria e identidad en la narrativa peruana.” en compañía de los autores Victoria Guerrero Peirano y José Carlos Agüero.


De otro lado, el 22 de octubre, Cocodrilo Ediciones presentará en la librería El Virrey de Miraflores, la antología "Al fin de la batalla", después del conflicto, la violencia y el terror de Ana María Vidal Carrasco, texto en el cual figura el cuento “Voy a cantarte” de Karina Pacheco Medrano. Sobre éste y otros temas referidos a la problemática del postconflicto en las siguientes líneas.






-Al fin de la batalla es una antología que reúne a siete autoras que han ficcionado historias referidas al periodo post violencia política. En el plano literario pero sobre todo en lo social, aun cuando somos conscientes que en el país no tenemos el hábito de la lectura, ¿cuál es el aporte de una antología tan categórica como esta?

-Quizás el mayor aporte sea que invita a reflexionar sobre cómo se vive en una sociedad que no termina de ver, ni mucho menos curar las heridas íntimas y colectivas que dejó la violencia política. Este libro se debe a la apuesta de la editora, Ana María Vidal, por hurgar, a través de relatos de ficción, en las situaciones y estados postviolencia que vivimos como sociedad, asumiendo que las causas de la violencia política siguen latentes y muchas de sus heridas permanecen abiertas, interpelándonos como sociedad.

-Entre los siete relatos figura tu cuento “Voy a cantarte”, una historia poética y desgarradora sobre el joven retablista Arún desplazado de su pueblo durante la guerra. Podrías ahondarnos más sobre esta historia…

-La editora nos había pedido cuentos nuevos, especialmente pensados en el tema del postconflicto. Yo no quería volver a sumergirme en una trama de violencia política porque implica tocar tinieblas. Hacía pocos meses había publicado mi quinta novela (El bosque de tu nombre) cuya historia ahonda en escenarios del conflicto armado en Guatemala, y ya había abordado el asunto de la violencia política en el Perú en algunos cuentos y en mi primera novela
 (La voluntad del molle).

Me había dicho que por mucho tiempo no quería retomar esos temas y le dije que podía usar alguno de mis cuentos ya publicados. Pero tantas veces una propone y la vida dispone… Justo unos días después, unos amigos alemanes me regalaron el último libro sobre el trabajo del retablista ayacuchano Edilberto Jiménez; al colocarlo junto a los dos libros anteriores que tengo en casa y revisarlos de nuevo, una de las historias recopiladas me atravesó de arriba abajo. 

Al mismo tiempo, al contemplar los dibujos y retablos de Edilberto, me ponía a pensar de qué materia está hecho un artista como él para tener el coraje y la potencia para para plasmar en formas una memoria tan cruda y desafiante como la de los pueblos que fueron más ominosa y directamente lacerados por la violencia. Entonces me puse a escribir sobre ese personaje que no es Edilberto pero está inspirado en él, y el encuentro con un caso en particular, el de un niño asesinado en Chuschihuaycco, que existió, pero cuyo nombre no conocemos. Por ello este cuento está dedicado a Edilberto Jiménez Quispe.

-Karina en tu cuento “Voy a cantarte” la poesía surge a partir de la perdida, del desgarro, de la desgracia… ¿Cómo fluyen estas historias?

-Fluyen con el dolor, también con preguntas que se hacen recurrentes cada vez que una se encuentra con historias como las que dieron origen a este cuento. ¿Cómo es posible que los seres humanos seamos capaces de generar tanta injusticia y espanto? ¿Cómo se vive frente al horror? ¿Es posible sobrevivir con dignidad frente al legado del horror? ¿Cómo se constituye el color frente a las tinieblas…? Tratando de responder a estas preguntas y a ese dolor salió este cuento. Y bueno, creo que también por andar detrás de estas preguntas han salido los otros cuentos y novelas que he escrito sobre estos temas.

-A propósito de este tema de los desaparecidos y todo lo referido a estos casos, hay personajes, no solo en la política, sino también en la literatura, que tienen la intención de invisibilizar estos temas. ¿Qué opinas al respecto?

-Cuando tienes un país que se jacta de su crecimiento económico y encuentras legión de políticos y opinólogos que apuntan que para asegurar nuestro paso a la modernidad y el éxito hay que pasar la página, solo veo ejemplos ilustrativos de cómo seguimos siendo un país fracturado por la estrechez de miras y la exclusión. Hay que ser demasiado ciegos e imberbes para olvidar que una sociedad que no cura sus heridas y no se preocupa por la construcción de puentes de respeto y empatía entre sus ciudadanos solo está echando abono abundante para futuros enclenques y nuevos conflictos.

Hay que ser demasiado sordos e insensibles para pasar por alto que nuestro país sigue arrastrando muchas heridas históricas, de las cuales los 69000 muertos de la violencia política representan una de las más recientes. Por eso la historia es tan importante; si no aprendemos lecciones del pasado, nos condenamos solitos a repetir errores y tragedias una y otra vez... En 1980 parecía que el Perú, con el retorno a la democracia solo podía ir a un estado mejor de cosas y de repente nos vimos entrampados en una vorágine de horror.

 Es absurdo pensar que esto se pueda repetir con los mismos actores, y a la población se la manipula continuamente con ese temor; pero al mismo tiempo, se pasa olímpicamente por alto como la violencia del narcotráfico, la corrupción a toda escala o la exclusión de  grandes sectores de la población no esté abonando otro tipo de conflictos que no sabemos qué forma puedan tomar, pero están allí, como una espada de Damocles, y nos negamos a verlos y enfrentarlos a tiempo, borrachos cómo andamos con nuestras ideas de bonanza económica y el comer sabroso.




-Estamos ante una antología sobre la violencia y el terror que nos conduce a la mirada autocrítica sobre nuestro país, un Perú aún lleno de brechas sociales, un país que segrega, un país homófobo y aún anacrónico, ¿de qué manera la literatura desde una mirada artística podría aliviar estas heridas?

-No creo que la literatura por sí sola pueda sanar las heridas; esa es tarea fundamental de políticas públicas y de una construcción de una ciudadanía que tenga la capacidad de reconocer el dolor de unos y otros, como algo que nos interpela a todos, aun cuando en medio de los conflictos uno no se halle en la posición directa de víctima, perpetrador, o instigador. Lo que sí pueden generar algunos libros como este es recordarnos la existencia de esas heridas e interrogarnos sobre qué puede hacer cada cual para dialogar con ese pasado y eventualmente contribuir con pocos o muchos granos de arena a esa sanación y a dar lugar a un país más justo y sabio.

-Apelo a tu mirada de antropóloga. 35 años después del periodo de guerra, ¿cómo observas al Perú, el país al que muchos tildan en “franco crecimiento y desarrollo social y económico”?

-Por un lado veo un país de nuevos ricos obnubilado por la idea de que tener mayor capacidad adquisitiva y acceso a las nuevas tecnologías nos hace lindos y modernos, un país que ha caído en el dogma de que las cifras de crecimiento económico son lo púnico importante y solo cabe que cada cual baile con su pañuelo y lo que suceda fuera de mi barrio no es asunto mío; un país donde los gobernantes y la población urbana sigue observando la diversidad cultural como problema y no como riqueza, donde la idea de cosmopolitismo se sigue mirando como viajar fuera y nunca adentro.

Se olvida que a pesar del etnocidio continuado, en nuestro país todavía existen otros 40 idiomas y otras tantas maneras diferentes de ver el mundo e interpretarlo; sin idealizar lo que esta culturas representan, hay mucho de lo que podríamos aprender de ellas; pero persiste la idea colonial de que mirar al cosmos del interior es atraso y que para ser “moderno” y “estar al día” solo hay que guiarse por lo que ocurre en Europa, Estados Unidos o Asia. 

Es tan absurdo. En fin. Pero asimismo, creo y veo que al mismo tiempo, hay el Perú mucha gente, en especial mucha gente joven levantando nuevas interrogantes, plantándole cara a ese absurdo estado de cosas, como también creando proyectos en distintos campos (política, artes, educación, deportes…) con enorme originalidad y con ganas de renovarlo todo. Esto sí que da esperanza y las preguntas que lanzan al aire nos interpelan a todos y hacen que removamos las neuronas.

-Antes de terminar debo de reincidir en este tema. ¿Cuáles –crees tú- que son las grandes problemáticas que aún siguen en agenda sin resolver?

-Seguimos dominados por una cultura autoritaria; esto no solo se refleja en el hecho de que continuamente buscamos caudillos que “pongan orden”, sino que es algo más generalizado y cotidiano: quien adquiere un poco de poder en el trabajo, en la familia, en la política, etc. se cree con derecho a abusar de ese poder e imponerse sobre quienes le están subordinados. El racismo, el machismo y la exclusión de las poblaciones indígenas son otra lacra normalizada que además alimenta las desconfianzas mutuas que mantenemos entre peruanos. Y junto a todo ello, la incapacidad para respetar las diferencias y sentir empatía por el otro. Esto se  expresa en un terrible desinterés por lo público…



 Proclamamos que estamos por el desarrollo y la estabilidad; pero, si  queremos un país verdaderamente sostenible, deberíamos apostar porque TODO/AS los niños y jóvenes tengan garantizada una buena nutrición, así como servicios públicos de salud y educación de alta calidad que potencie sus capacidades particulares; porque si no, solo estamos reproduciendo una situación por la que solo una tercera o cuarta parte de la población tiene acceso a esos bienes (que son derechos fundamentales reconocidos por ley, por cierto) y el resto se pierde en medio de la pobreza y las desigualdades marcadas por el nacimiento; así perdemos todos, como seres humanos y como país.